Por Ricardo Robles.
Cuando se acerca un nuevo Primero de Mayo y distintas luchas obreras vuelven a abrirse paso en Chile, recuperar la memoria histórica de nuestra clase deja de ser un ejercicio académico para convertirse en una necesidad política. Queremos volver sobre una experiencia poco conocida pero decisiva: el Congreso Obrero de 1885, una de las primeras expresiones de unidad nacional de los trabajadores, cuya lección central —la necesidad de organización común e independencia de clase— como antesala de la huelga general de 1890, considerada la primera huelga general en América latina.
En la historia del movimiento obrero chileno, los momentos de irrupción masiva de la clase trabajadora no han sido hechos aislados, sino el resultado de procesos previos de acumulación, organización y, sobre todo, de politización. Así ocurrió a fines del siglo XIX: el Congreso Obrero de 1885 expresó tempranamente la necesidad de coordinar a un mundo del trabajo disperso, elaborando demandas comunes y ensayando formas de representación colectiva. Pocos años después, esa tendencia encontró una expresión superior en lahuelga general de 1890,donde distintos sectores del naciente proletariado actuaron de manera simultánea, marcando un salto cualitativo en la acción de clase. Sin embargo, esa irrupción evidenció también sus límites: la ausencia de una dirección política y de una instancia nacional que unificara estratégicamente esa fuerza.
Más de un siglo después, en condiciones históricas completamente distintas pero bajo una lógica similar, la huelga general del 12 de noviembre de 2019 volvieron a poner en escena la capacidad de la clase trabajadora y el pueblo para paralizar el país y cuestionar el orden existente. Sin embargo, al igual que en 1890, esa irrupción careció de una expresión política y organizativa capaz de centralizar sus demandas, proyectarlas estratégicamente y disputar una salida propia frente a la crisis. Siete años después, en 2026, la persistencia de la fragmentación sindical, la subordinación a los marcos institucionales del código de Jose Piñera y la ausencia de una instancia de deliberación y decisión común vuelven a plantear una tarea histórica pendiente.
Así como el Congreso Obrero de 1885 fue la antesala de una acción de conjunto que alcanzó su punto más alto en la huelga general de 1890, hoy se vuelve necesario avanzar en la construcción de una instancia de carácter similar, pero superior en contenido y claridad política: un Congreso Obrero que exprese la independencia de clase, unifique a los trabajadores más allá de las divisiones impuestas y transforme la fuerza social demostrada en 2019 en una fuerza política consciente capaz de intervenir en el rumbo del país.
En la actualidad, el movimiento obrero en Chile enfrenta un problema de las luchas aisladas. Esta situación no es nueva: tiene su origen en la reconfiguración impuesta durante la dictadura de Pinochet y posteriormente consolidada por todos los gobiernos de la transición democrática que mantuvieron intactas las bases del modelo laboral. Más recientemente, el gobierno de Gabriel Boric, más allá de sus promesas de transformación, ha preservado este esquema de poder patronal.
Frente a este escenario, desde La Voz Obrera Chile planteamos la necesidad de retomar una perspectiva de independencia de clase y estrategia de poder obrero. Solo la fuerza organizada de los trabajadores, actuando de manera unificada, puede recuperar su capacidad histórica de golpear con un solo puño. En esta discusión, resulta útil volver sobre experiencias pasadas del movimiento obrero chileno. En esta nota proponemos tomar como punto de comparación uno de los primeros intentos de recomposición y coordinación del movimiento obrero hacia fines del siglo XIX: el Congreso Obrero de 1885.
A menudo se piensa que el movimiento obrero chileno comienza con las grandes huelgas de fines del siglo XIX o con la fundación de las primeras organizaciones sindicales del siglo XX. Sin embargo, años antes de la huelga general de 1890, ya existían intentos concretos de articulación nacional de los trabajadores. Uno de los más importantes fue el Congreso Obrero de 1885, una experiencia poco difundida pero fundamental para comprender los orígenes de la acción política del mundo popular en Chile.
Este proceso no surgió de manera espontánea. Se desarrolló en el contexto de la crisis económica posterior a la Guerra del Pacífico, que provocó una caída de la actividad en diversos sectores productivos y un aumento significativo de la cesantía. Según documenta Sergio Grez Toso en su obra “De la regeneración del pueblo a la huelga general” i, particularmente afectados fueron los trabajadores de la industria de la confección, donde miles de personas que habían sido empleadas durante la guerra quedaron sin trabajo al término del conflicto. Esta situación generó un clima de creciente descontento social que impulsó la coordinación entre distintas organizaciones populares.
En este escenario, asociaciones como la Sociedad Escuela Republicana y la Sociedad de Artesanos “La Unión” de Santiago comenzaron a promover instancias de encuentro entre sociedades obreras y artesanales. Estas iniciativas no solo respondían a necesidades inmediatas, sino que también expresaban una incipiente politización del movimiento popular, que comenzaba a cuestionar las orientaciones de los gobiernos de la oligarquía y a buscar formas de representación propia. En agosto de 1885 se realizaron reuniones preparatorias que reunieron a decenas de delegados de distintas organizaciones, las que derivaron en un gran meeting obrero en Santiago, donde se expusieron públicamente las principales demandas del movimiento.
El Congreso Obrero, realizado los días 20 y 21 de septiembre de 1885 en Santiago, constituyó el punto más alto de este proceso. En él participaron delegados provenientes de diversas ciudades del país, entre ellas Valparaíso, Concepción, Talca, Antofagasta, Rancagua y Chillán, lo que da cuenta de un esfuerzo temprano de coordinación nacional. Tal como señala Grez, este encuentro no solo permitió debatir reivindicaciones, sino que también estableció mecanismos de articulación futura, incluyendo la designación de una instancia encargada de mantener el contacto entre las organizaciones y convocar nuevas reuniones cuando fuese necesario.
Las resoluciones del Congreso reflejan una etapa de transición en el desarrollo del movimiento obrero chileno. Si bien no se trataba aún de un programa socialista, sí evidenciaban un avance respecto del mutualismo tradicional, con el nacimiento de un verdadero programa de emergencia de la clase trabajadora. Las demandas apuntaban a la protección de la industria nacional, a reformas en el sistema tributario, a la regulación de importaciones, al impulso del desarrollo productivo interno y a la creación de instituciones educativas orientadas a la formación técnica de los trabajadores. En conjunto, estas propuestas muestran un intento por intervenir en la organización económica del país desde los intereses del mundo popular.
No obstante, esta experiencia también tenía límites claros. El movimiento aún estaba influido por corrientes liberal-democráticas y su estrategia se orientaba principalmente a incidir en el Estado mediante peticiones y presión pública, más que a desarrollar una política de independencia de clase, por eso llamamos un proceso de transición. A pesar de ello, el Congreso Obrero de 1885 marcó un punto de inflexión, al representar uno de los primeros intentos de superar la dispersión organizativa y de avanzar hacia una acción coordinada a escala nacional.
Como demuestra la investigación de Sergio Grez Toso, este proceso forma parte de una dinámica más amplia de transformación del movimiento popular chileno, que en las décadas siguientes evolucionaría hacia formas más definidas de organización obrera y política de clase. En este sentido, el Congreso Obrero de 1885 no debe ser entendido como un hecho aislado, sino como un antecedente clave en la larga trayectoria de organización de los trabajadores en Chile. Más de un siglo después, cuando la luchas aisladas vuelve a ser un rasgo dominante, esta experiencia histórica permite plantear con mayor claridad la unidad de la clase trabajadora en el resultado de su propia acción independiente.
28-04-2026
iSergio Grez Toso, De la regeneración del pueblo a la huelga general, Santiago, 1998.

