Declaración: POR UN 1° DE MAYO DE LUCHA.

Se acerca el 1° de Mayo, día internacional de lucha de las y los trabajadores. No es un día de fiesta, como intentan presentarlo muchas empresas y direcciones sindicales. El 1° de Mayo es una fecha que recuerda que la lucha de la clase trabajadora contra la explotación es internacional e histórica. Su origen se encuentra en la huelga de los trabajadores de Chicago en 1886, que exigían la reducción de la jornada laboral y mejores salarios, y honra a los mártires de esta lucha, quienes enfrentaron una sangrienta represión y fueron asesinados por los gobiernos capitalistas, en particular por los EEUU.

Hoy, en Chile, el gobierno de José Antonio Kast ha aplicado una histórica alza en el precio de los combustibles, descargando directamente sobre la población trabajadora el costo de la crisis internacional. Las medidas anunciadas favorecen a los mas ricos con rebaja de impuestos y para los trabajadores suben el precio de los alimentos, el transporte y el costo de la vida en general.

El próximo 31 de julio se cumple un año de la tragedia obrera en la División El Teniente, el yacimiento subterráneo de la estatal Codelco, donde seis trabajadores subcontratados perdieron la vida. A un año de estos hechos, la justicia patronal garantiza la impunidad: no hay responsables y nada ha cambiado. Por el contrario, el discurso del gobierno de Kast sobre la “baja productividad” de Codelco anticipa una mayor intensificación de la explotación y precarización laboral, profundizando un modelo donde la operación ya se encuentra ampliamente subcontratada.

Las luchas en curso —como la de los trabajadores portuarios en Puerto Montt contra la externalización, los conflictos del subcontrato en servicios de aseo en municipalidades y la reciente paralización de los trabajadores contratistas en la mina El Teniente, en Rancagua— muestran que la clase trabajadora en Chile está dispuesta a dar pelea. Sin embargo, enfrenta desafíos estructurales, entre ellos su dispersión en múltiples organizaciones sindicales.

La fuerza de la clase trabajadora radica en su capacidad de detener la producción capitalista actuando de manera unificada. Sin embargo, las leyes laborales vigentes —incluido el Código del Trabajo— operan como mecanismos de fragmentación que limitan esta potencialidad. Las leyes “40 horas” y la llamada “Ley Karin”, celebradas por las direcciones del PS, PC y FA junto al gobierno anterior, tanto en la CUT como en diversos sindicatos, no han alterado en lo esencial este modelo de fragmentación. A ello se suma el rol cotidiano de la burocracia sindical, que en sus distintas expresiones reproduce esta división, promoviendo negociaciones separadas y acuerdos que apenas reparten migajas de las ganancias empresariales.

Desde La Voz Obrera Chile, sección chilena la CORI-CI, planteamos que el fortalecimiento de la clase trabajadora no vendrá de concesiones legales ni de la confianza en políticos patronales. Por el contrario, solo podrá avanzar mediante la ruptura con la política de colaboración de clases y el desarrollo de su propia organización independiente. Para enfrentar al gobierno de Kast no basta la denuncia. Los mismos sectores políticos que ayer administraron el modelo —PS, FA y PC— hoy buscan reposicionarse como “representantes” de los trabajadores. La clase trabajadora necesita tomar sus problemas en sus propias manos.

En esta perspectiva, se hace necesaria la lucha contra la burocracia sindical por la convocatoria a un Congreso Obrero Nacional, democrático, con delegados elegidos en asambleas de base por sector, que permita unificar a la clase trabajadora sobre la base de un programa de emergencia y de sus intereses históricos. Los trabajadores portuarios, mineros, aseo, industriales, sector publico tienen la palabra para dar pasos en adelante a esta necesaria tarea.

Es necesario preparar, en todas las organizaciones de la clase trabajadora, un verdadero programa de emergencia que enfrente la crisis y abra paso a una transformación real. Porque la verdadera emergencia no es de los ricos sino de la situación de la clase trabajadora y el pueblo. Si el alza de los combustibles, la inflación y el deterioro del salario real son expresión de una crisis estructural, la respuesta no puede limitarse a medidas parciales ni a la mera administración del modelo. Es necesario partir de las necesidades inmediatas de las y los trabajadores, pero proyectarlas hacia una salida de fondo.

Entre sus medidas centrales, proponemos el aumento inmediato del sueldo mínimo a $1.000.000, junto con el reajuste automático de todos los salarios según la inflación, como mecanismo para impedir que el costo de la crisis sea descargado sobre los trabajadores mediante la pérdida de poder adquisitivo.

Pero esta lucha no puede limitarse al terreno económico. La clase trabajadora deben avanzar desde la lucha sindical hacia una lucha política consciente, dotándose de un instrumento propio: un partido revolucionario de la clase trabajadora, independiente de la burguesía y de sus variantes políticas, que exprese un programa para conquistar el poder.

Este partido no se construye desde arriba, sino desde las bases: en cada faena, en cada sindicato, en cada coordinadora, unificando a trabajadores de planta y subcontratados, a mineros, portuarios, forestales y pobladores. Su programa debe partir de las necesidades más urgentes del pueblo —salarios dignos, fin del subcontrato, derecho a vivienda, salud, educación y un medio ambiente sano—, pero proyectarse hacia la nacionalización de la gran minería y de toda la economía estratégica sin indemnización y bajo control de los trabajadores, la planificación democrática de la producción y la perspectiva de un gobierno de trabajadores y del pueblo.

Este 1° de Mayo debe ser un punto de partida para el combate contra la explotación y las guerras imperialistas. Únete este 1° de mayo a las actividades de La Voz Obrera y marchar con nosotros y a la construcción de una organización revolucionaria internacional.

23-abril 2026.

Compartir

Otros Artículos