Próximamente: edición impresa de La Voz Obrera. En las próximas semanas circulará la primera edición impresa de La Voz Obrera, periódico de la clase trabajadora y sección chilena de la CORI-CI. Como adelanto de este esfuerzo colectivo de organización, debate y combate político, publicamos a continuación su editorial inaugural, dedicada a los acontecimientos de Bolivia y a los desafíos que enfrenta la clase trabajadora chilena y latinoamericana en esta nueva etapa de la lucha de clases. A continuación, adelantamos su editorial.
Bolivia atraviesa una profunda crisis social y política marcada por más de un mes de movilizaciones, bloqueos y protestas protagonizadas por trabajadores, campesinos, pueblos indígenas, mineros, docentes y amplios sectores populares que cuestionan al gobierno de Rodrigo Paz. El encarecimiento de la vida, la crisis económica, el desabastecimiento y el incumplimiento de las promesas gubernamentales han alimentado un proceso de lucha que mantiene en tensión al país. Mientras el gobierno intenta desgastar las movilizaciones mediante detenciones, negociaciones parciales y una creciente criminalización de la protesta social, amplios sectores continúan exigiendo respuestas a sus demandas y denunciando que el peso de la crisis sigue recayendo sobre las espaldas de la clase trabajadora y el pueblo pobre.
La demanda por la renuncia de Rodrigo Paz, presidente derechista electo en agosto de 2025, se ha transformado en una de las principales consignas del movimiento. Paz fue presentado por amplios sectores como el “mal menor” frente al avance de candidaturas de ultraderecha como la de Tuto Quiroga. Sin embargo, a pocos meses de asumir el gobierno, aplicó las mismas medidas de ajuste y el mismo programa económico defendido por el resto de los candidatos de derecha.
Aquí la clase trabajadora debe extraer una primera reflexión. En el marco de la crisis mundial del capitalismo, el denominado “mal menor” termina siendo siempre un mal para los trabajadores. Cuando se trata de defender los intereses estratégicos de los grandes grupos económicos y de los capitalistas, las diferencias aparentes se diluyen rápidamente y todos terminan alineándose con políticas de ajuste, represión y defensa del orden existente, muchas veces convergiendo con la agenda impulsada por la llamada ultraderecha.
El internacionalismo de los capitalistas.
El internacionalismo burgués, es decir, la unidad de la clase capitalista para defender sus intereses y sus negocios más allá de las fronteras nacionales, se expresó rápidamente para intentar contener y aplastar la rebelión boliviana. El gobierno de Estados Unidos ha respaldado abiertamente al presidente Rodrigo Paz frente a las protestas, calificando parte de las movilizaciones y bloqueos como un intento de desestabilización o “golpe de Estado”, al mismo tiempo que incrementó su asistencia de emergencia para enfrentar los problemas de abastecimiento derivados de la crisis.
Por su parte, los gobiernos de Javier Milei y José Antonio Kast brindaron apoyo logístico al gobierno boliviano bajo el discurso de la ayuda humanitaria. Argentina envió dos aviones Lockheed C-130 Hércules de la Fuerza Aérea Argentina para establecer un puente aéreo durante los bloqueos, mientras que el gobierno chileno hizo lo propio mediante un avión Hércules de la Fuerza Aérea de Chile. Se trata del mismo tipo de aeronave militar utilizado por el Estado chileno para trasladar contingentes policiales destinados a quebrar la huelga de los trabajadores contratistas de Collahuasi en 2010.
De esta experiencia surge una segunda lección para la clase trabajadora: la lucha contra los patrones también es internacional. La caída del gobierno de Rodrigo Paz mediante la acción revolucionaria de las masas constituiría un punto de inflexión para la situación continental y representaría un duro golpe para los planes de Donald Trump de profundizar la subordinación de América Latina a los intereses de Estados Unidos, apoyándose para ello en gobiernos aliados como los de Kast y Milei.
De ahí la necesidad de que la clase trabajadora chilena siga con atención los acontecimientos que se desarrollan en Bolivia y tome partido activamente por el internacionalismo obrero, fortaleciendo la solidaridad de clase y el apoyo a la lucha de los trabajadores, campesinos y pueblos indígenas que hoy enfrentan al gobierno y al conjunto del régimen capitalista boliviano.
Kast le declara la guerra a la clase trabajadora.
En Chile, el gobierno de José Antonio Kast ha aplicado una histórica alza en el precio de los combustibles, descargando directamente sobre la población trabajadora el costo de la crisis internacional. Asimismo, las medidas anunciadas de recorte al presupuesto de salud y educación pública solo favorecen el negocio de los privados. A ello se suman los embargos contra los deudores del fraudulento Crédito con Aval del Estado (CAE) y las rebajas tributarias en beneficio de los grandes grupos económicos, medidas que apuntan a profundizar los ataques contra los bolsillos de la clase trabajadora mientras se favorece a los más ricos.
Kast y su gobierno han declarado una verdadera guerra contra la clase trabajadora y el pueblo pobre. Sin embargo, la respuesta de las organizaciones tradicionales del movimiento obrero no ha estado a la altura de esta ofensiva. La CUT, dirigida por el PS y el PC, ha puesto en primer lugar la necesidad del “diálogo social”, como si el plan de ajuste del gobierno pudiera detenerse mediante argumentos y negociaciones, y no mediante la movilización y las medidas de fuerza de la clase trabajadora. La Union Portuario anuncio un paro nacional indefinido por demandas sectoriales para luego bajar la medida por avances en la negociación, pero abandonando las perceptivas de las necesidades del conjunto de la clase trabajadora.
La clase trabajadora necesita volver a colocar una política y programa de lucha de clases en el centro de sus organizaciones. La estrategia histórica de las direcciones tradicionales del PS y el PC, basada en el diálogo social combinado con movilizaciones controladas, se muestra estéril frente a la creciente agresividad de los gobiernos capitalistas, impulsados por su ambición de profundizar el saqueo de los recursos naturales y aumentar la explotación de los trabajadores.
Chile y América Latina son territorios de enormes riquezas naturales, pero esas riquezas continúan siendo apropiadas por grandes grupos económicos, corporaciones transnacionales y el imperialismo, mientras la mayoría de los trabajadores vive bajo salarios insuficientes, endeudamiento y precariedad. La lucha de los trabajadores bolivianos plantea una cuestión estratégica para todo el continente: quién debe gobernar y al servicio de quién deben ponerse los recursos que producen millones de trabajadores. Frente a los gobiernos patronales y los planes de saqueo imperialista, levantamos la necesidad de una salida propia de la clase trabajadora: gobiernos de trabajadores y del pueblo pobre, la nacionalización de los recursos naturales bajo control obrero y la lucha por una América Latina socialista, unida sobre bases revolucionarias e internacionalistas. La experiencia que hoy se desarrolla en Bolivia señala un camino para la clase trabajadora chilena. La Voz Obrera, como sección chilena de la CORI-CI, se considera parte de esta tarea estratégica: contribuir a poner en pie una nueva política y programa de lucha de clases al interior del movimiento obrero. La necesidad de construir una nueva dirección revolucionaria y un nuevo partido internacional de la clase trabajadora surge de la propia dinámica de los acontecimientos y de los desafíos que impone la nueva etapa de la lucha de clases en América Latina.
17-06-2026

